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Navidad se convierte en un momento perfecto para recordar el sabor de su tierra, amigos y familia.

Las familias venezolanas se reúnen cada año en torno a una mesa repleta de comida y buena música para celebrar el natalicio del niño Jesús. Cada día es una oportunidad para pedirles a los seres queridos perdón o augurarles buenos deseos. Aunque la crisis ha fragmentado a muchas familias que tuvieron que migrar, el espíritu navideño sigue vivo en cada venezolano, sin importar donde estén.

 

Proyecto Migración Venezuela habló con algunos venezolanos que se encuentran en el país sobre sus tradiciones navideñas y cómo estas pueden verse representadas en Colombia. Aquí algunas de sus recetas, cantos y fiestas representativas.

GASTRONOMÍA

Para los venezolanos, sin distinción de clases sociales, la hallaca es sinónimo de Navidad, fiestas, alegría, prosperidad y unión. Aunque los ingredientes pueden variar de acuerdo con la región donde se prepara, la tradición de cocinarla y compartirla con seres queridos durante fin de año permanece.

La hallaca tiene vida. Más que una comida es una emoción: percibir su olor —aún a metros de distancia— es transportarse a Venezuela, es sentirse en temporada navideña. 

¿Cuánto puede costar su preparación en Colombia? Acompáñenos a hacer un recorrido por el mercado de Paloquemao, en Bogotá.

Empecemos por los tipos de carnes que se usan para el guiso o relleno:

LAS FAMOSAS HALLACAS VENEZOLANAS

Por: María Elisa Ramirez

Son tres tipos: 

Gallina

Precio: $23.000

Peso: 8 libras

El caldo que queda tras cocinarla sirve para la masa de harina  de maíz que envuelve el guiso. La pechuga se utiliza en el adorno.

Cerdo

Res

Precio: $28.400

Peso: 5,8 libras

Se selecciona un trozo fresco de pernil sin hueso, que en Paloquemao llaman pernil pulpo. Se junta con la de res en la base del relleno.

Precio: $45.600

Peso: 6 libras

Se recomienda comprar la misma cantidad que de cerdo y un corte de primera como la bola de pierna, chocozuela en Venezuela.

Sigamos con las verduras y los otros ingredientes:

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OTROS INGREDIENTES

VERDURAS - ALIÑOS: 30.000

Ají dulce
1/2 libra
Ajo
2/3 de cabezas grandes
Ajo porro o cebolla puerro
1 libra

Cebolla cabezona
 2 libras
Pimentón rojo
2 libras
Cebollín
2 libras

Cilantro
1/2 libra
Tomate
1 libra

HOJAS DE PLÁTANO

Esta hoja es más grande que la utilizada en tamales, conserva los alimentos durante la cocción y permite una mejor envoltura.

Se deben conseguir seleccionadas y arregladas. Cada paquete alcanza para 15 hallacas aproximadamente. 

Encurtido

Cantidad: 1 frasco
Precio: $12.000

Aceite

Cantidad: 1 litro
Precio: $8.000

Cubito

Cantidad: 4 unidades
Precio: $5.000

Alcaparras 

Cantidad: 1 frasco grande
Precio: $13.000

Harina de maíz 

Cantidad: 1 kilo
Precio: $9.000

Onoto o achote

Cantidad: bolsa mediana
Precio: $5.000

Vino para cocinar

Cantidad: 1 botella
Precio: $16.000

Aceitunas

Cantidad: 1 frasco grande
Precio: $14.000

Papelón o panela

Cantidad: media pastilla
Precio: $1.000

Sal

Cantidad: bolsa mediana
Precio: $1.500

Sazonador

Cantidad: 2 sobres
Precio: $5.000

Pasas

Cantidad: 1 paquete mediano
Precio: $10.000

LOS PRECIOS SON

APROXIMADOS

Y AHORA, EL PABILO

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$6.000 2/3 ROYOS

PABILO

CON ESTE HILO BLANCO, GRUESO Y DE ALGODÓN SE AMARRA LA HALLACA. EL TOQUE DE DISTINCIÓN ESTÁ EN LA VUELTAS QUE LES DE. ES UN PASO ESENCIAL PARA QUE LA HALLACA QUEDE AJUSTADA.  

La historia de la hallaca venezolana se remonta a la época de los esclavos y los españoles, como lo documentan Armando Scannone o a Miro Popic. Ellos se han dedicado, entre otras cosas, a investigar la gastronomía del país.

En mi familia, la tradición comenzó con mi abuela materna, oriunda de Zaraza, estado Guárico.   Ella vivió 90 años y no está con nosotros hace 20, pero mantenemos intacta la receta de las hallacas de la señora Rosa Toro. Se las quiero compartir, incluso con algunos secretos.

LAS HALLACAS SE PUEDEN SERVIR CON PERNIL, ENSALADA DE GALLINA Y PAN DE JAMÓN. COMPLETE CON DULCE DE LECHOSA (PAPAYA) Y PONCHE CREMA (AZÚCAR, ALCOHOL Y LECHE). 

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EL CHEF DE ARIPO BISTRÓ, LUIS LÓPEZ,

 PRESENTA TRES IMPERDIBLES RECETAS NAVIDEÑAS PARA LA CENA VENEZOLANA Y COLOMBIANA. 

La comida venezolana ya se disfruta en todo el país. Pero existe un lugar en Bogotá, que acoge la comunidad venezolana más grande y es el barrio Cedritos. Allí, Luis Gerardo López es dueño de Aripo Bistró. Un lugar que hace honor a la gastronomía venezolana y que acoge a muchos migrantes en su paso por Colombia. Es una mezcla de sabores y tradición, ya que es un emprendimiento que integra en sus recetas ingredientes de ambos países. 

 

En esta navidad, López nos enseña tres recetas que no pueden faltar en la mesa venezolana. Proyecto Migración Venezuela los presenta.

La ensalada de gallina es el complemento de cualquier cena de Navidad venezolana. Tiene como ingredientes principales papas, zanahorias, pollo desmechado y mayonesa. Cada familia le da su toque secreto que varía desde pedacitos de huevo, granos de maíz, manzanas, uvas y cebolla rallada.
 

La hallaca es el plato estrella para las fiestas navideñas venezolanas. Se trata de una masa de harina de maíz con caldo de ave y coloreada con achiote, que se rellena de un guiso de carne que puede ser vacuno, cerdo, gallina o pollo. El relleno varía en cada familia, pero lo habitual es incluir en el guiso de carne cebolla, alcaparras, pimentón, uvas pasas y  aceitunas. 

El dulce de lechosa es el dulce de la abuela. En Venezuela es el postre y uno de los mejores acompañamientos de la cena de navidad. En Colombia se hace algo similar que se conoce como dulce de papaya o dulce de papayuela.

Desde hace un siglo, el pan de jamón no puede faltar en la mesa navideña de una familia venezolana. Y ahora, cuando casi tres millones de venezolanos están fuera de su país, este plato se ha convertido en una comida que los conecta con su tierra. Especialmente en esta época del año en la que muchos estarán lejos de casa por primera vez.

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¿De dónde viene el pan de jamón? Según el periodista gastronómico venezolano Miro Popié, autor de El nuevo libro del pan de jamón, la receta se inventó en 1905 en la panadería Ramella, en Caracas. Originalmente era solo un pan relleno de jamón que se cocinaba en vino, clavos, piña, canela y panela. Pero el éxito de ventas fue tal que otras panaderías de la ciudad empezaron a imitarlo y fueron agregando uvas pasas y aceitunas que alteraron la receta original.

Al principio, por su precio, el pan de jamón era un plato que solo se podía disfrutar en diciembre. Con el tiempo, cuando la receta se hizo famosa en las panaderías, y empezó a prepararse en los hogares, se fue ganando un lugar en las mesas navideñas de las familias venezolanas.

¿Cómo se prepara? Es una receta sencilla, con pocos ingredientes y de rápida preparación. Hablamos con la panadera y repostera venezolana Cristina León, que llegó hace dos años a Bogotá y creó CLÔ Postres. Ella nos mostró cómo hacerlo.

Según Cristina, el secreto para un buen pan de jamón está en una buena masa húmeda. Algunos prefieren la masa de hojaldre, pero la receta tradicional se prepara con masa de pan sobao, que está hecha con leche, huevo y mantequilla, no margarina. Los otros ingredientes son jamón, aceitunas rellenas de pimentón, tocineta y uvas pasas.

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La preparación consiste en extender la masa de pan, humedecerla con mantequilla y agregar el relleno en capas: primero el jamón, después las tiras de tocineta, luego las aceitunas cortadas y las uvas pasas. Por último, se enrolla la masa y se cubre con una capa de huevo. Se lleva al horno durante 20 o 25 minutos a 180 grados. Y eso es todo.

Para que la cena de Nochebuena venezolana esté completa, en la mesa no pueden faltar las hallacas, el pernil de cerdo, la ensalada de gallina y el ponche crema, una bebida hecha a base de huevos, leche condensada, leche entera y ron.

“Comer pan de jamón es traerse un pedacito de Venezuela para acá”, afirmó Cristina, quien en esta Navidad ya ha vendido más de un centenar de panes de jamón y todavía tiene varios pedidos pendientes. Además, cuenta que aunque la mayoría de sus clientes son venezolanos, ya varios colombianos se enamoraron de este plato típico “importado”.

Por: Juliana Peña.
 
 
 

En Maracaibo todos conocen la historia: una anciana lavaba la ropa en el lago de la ciudad y encontró una tabla, que utilizó para tapar un recipiente lleno de agua. Poco tiempo después vio la figura de una Virgen en la madera, como si alguien la hubiera tallado con dedicación. La mujer no lo pensó dos veces y llevó el objeto a su casa.

En la noche, un rayo de luz despertó a la anciana. Su casa estaba completamente iluminada por un brillo que nacía de la tabla. Los vecinos se despertaron con los gritos de la mujer, que anunció un milagro. Desde ese día, el 18 de noviembre de 1709, los maracuchos celebran la aparición de la Virgen de Chiquinquirá.

Con el paso de los años, la fiesta católica se ha convertido en una verdadera celebración. Desde el 17 de noviembre los sonidos de las gaitas empiezan a zurcar Maracaibo. Los vecinos se encuentran para orar, tomar licor y bailar hasta la madrugada del 18, cuando celebran la llegada de su patrona. 

Sin embargo, la migración de cuatro millones de venezolanos, según cálculos de las Naciones Unidas, y la crisis económica que asfixia a los ciudadanos ha modificado una de las tradiciones más importantes para esta comunidad fronteriza.

ES PATRONA DE COLOMBIANOS

Y VENEZOLANOS

Ahora, en Maracaibo menos personas acompañan la llegada de la Virgen, y miles de ciudadanos lo hacen desde otros lugares del planeta. En Colombia, por ejemplo, los venezolanos se encuentran entre el 17 y el 19 de noviembre para venerar una réplica de de la Virgen de Chiquinquirá.

En Bogotá tuvo lugar una de las mayores concentraciones de los últimos años, según varios asistentes. Unas 500 personas se encontraron en la parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Chapinero. Allí, entre lágrimas de nostalgia, bailes y oraciones, los maracuchos celebraron la llegada de la Virgen y el inicio de las fiestas navideñas.

La parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá estaba completamente llena. Mientras un grupo de gaitas y tamboras esperaba a la salida, cientos de personas se agolpaban para entrar a la eucaristía que inició a las 12 del mediodía.

Un grupo de servidores de María en la basílica de Maracaibo, donde está la figura original de la virgen conocida popularmente como chinita, organizó el evento. 

"Unos 90 servidores de la basílica, que migramos de Venezuela a Colombia en los últimos años, nos hemos encontrado para rendirle homenaje a la chinita", contó José Méndez, uno de los organizadores del evento que cumple dos años.

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Los venezolanos llegaron con su país pintado en los zapatos, mochilas, camisetas, pulseras y rosarios a celebrar la llegada de la chinita. Encontraron a la salida de la parroquia algunos de sus platos típicos, como las hallacas. Esos amasijos, similares a los tamales colombianos, costaban 2.000 pesos y emocionaron a muchos venezolanos.

Aunque muchos asistentes estuvieron fuera de la parroquia cerca de una hora, no pocos celebraron la temperatura alta. "Este es nuestro clima, así mantiene Maracaibo", comentó una madre venezolana que llevaba a su hijo en hombros.

Luego de 45 minutos de eucaristía, llegó la anhelada figura: la réplica de la Virgen que está en la basílica de Maracaibo viajó 28 horas en carro y en bus desde esa ciudad hasta Bogotá.

 

Los servidores de la Virgen entraron con la figura en la espalda y la ubicaron frente al altar. Luego de la bendición del padre, debían sacarla nuevamente, pero la salida estaba completamente ocupada por los fieles.

Los venezolanos aplaudieron y corearon "viva" cuando finalmente salió la réplica de la figura. Algunos lanzaron flores, llamaron a sus familiares por facetime y transmitieron en vivo por redes sociales. 

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El 18 de noviembre las familias maracuchas acostumbran vestirse con camisetas que ellos mismos fabrican para esta fecha. Cada una tiene mensajes de celebración, imágenes de la virgen o, incluso, del lago de Maracaibo.

Para muchos venezolanos la chinita hace milagros. Por eso, varios alzaron medallas o rosarios, como una manera de bendecir su objeto personal. La banda de gaitas y tambores interpretó canciones tradicionales dedicadas a la Virgen durante unos cuarenta minutos. Los asistentes cantaron, lloraron, se arrodillaron y hasta bailaron.

Después, empezó la procesión, que recorrió Chapinero desde las 2 hasta las 5 de la tarde. "Parece mucho pero en Maracaibo estamos con la china hasta el final, hasta la madrugada del próximo día", recordó un asistente.

Para los venezolanos la procesión de la chinita no solo significa revivir una de sus celebraciones más queridas, sino comprobar que, incluso en la distancia, encuentran compatriotas con quienes recordar su tierra.

Además, la celebración de la Virgen representa el inicio de sus fiestas navideñas. "La navidad para nosotros significa pasar tiempo en familia, por eso es tan difícil salir de Venezuela", dijo un venezolano que vendió pares de zapatos durante la procesión.


 

UNA FIESTA QUE  SOBREVIVE A LA MIGRACIÓN Y AL PASO DEL TIEMPO  

POR: TULIO HERNÁNDEZ

A pesar de la crisis económica y política de Venezuela, las fiestas decembrinas no dejan de simbolizar un momento de unión y celebración para esta población. Así transcurren las fiestas típicas de este país.

La Navidad es el gran momento de la afectividad y la sociabilidad colectiva venezolana. Ya sea en el espacio público o en la intimidad familiar, se reúnen tres tipos de manifestaciones que articuladas crean una atmósfera muy particular, sui generis, en el contexto de las festividades navideñas de otros países latinoamericanos. 
 

Lo más importante es la gastronomía nacional: una mesa navideña cuyos componentes se repiten de la misma manera en todo el territorio. Luego, un repertorio musical múltiple y complejo. Y, en tercer lugar, un calendario de fiestas populares tradicionales, generalmente masivas, que adquieren expresiones regionales muy diversas. 
 

La hallaca es el corazón de la mesa navideña, un híbrido entre pastel y tamal, a base de maíz y envuelto en hojas de plátano. Es un alimento venerado por los venezolanos, cuya realización es un verdadero ritual y un pretexto de reunión familiar, tan importante en las cenas de Navidad y  de Año Nuevo.

El repertorio musical tiene tres manifestaciones principales. Primero, los aguinaldos, una evolución de los villancicos españoles originarios, que adquieren claros giros regionales, aunque con letras y estructuras melódicas similares a las de otros países de América Latina.

Segundo, las parrandas, o parrandón, género propio de la región central que tiene como base instrumental el cuatro –el gran instrumento nacional– y las maracas, con una clara presencia de la percusión afro, que a diferencia de los aguinaldos no es exclusivamente religioso de alabanza a la Natividad, sino que incorpora otros de la vida cotidiana centrados especialmente en la fiesta, el alcohol y la celebración. 

Por último, la gaita zuliana, género inicialmente regional, propio del estado más grande del occidente, Zulia, que hoy ha sido adoptado en todo el país como la gran música decembrina. Inicialmente la temporada también estaba marcada por el cuatro, las tamboras, la charrasca y, su base rítmica fundamental, el furruco –un instrumento de percusión hecho de cuero, que frotan con una varilla de bambú–, a los que con el transcurso del tiempo se le agregaron violines, guitarras y pianos eléctricos. El resultado es una música plenamente urbana. 
 

A diferencia de los dos anteriores, los temas de las gaitas son absolutamente diversos. El gaitero hace crítica social, les canta a las mujeres bonitas, a la región zuliana, a la geografía de otras regiones, al año nuevo, a las hallacas, a La Chinita –la virgen patrona del estado Zulia–, y solo excepcionalmente al tema central de los aguinaldos, el nacimiento del Niño Jesús. 

 

Entre las fiestas populares tradicionales destacan la Danza de los Pastores, el día de los Locos y Locainas, la Fiesta de San Benito, la Paradura el Niño y la Bajada de los Reyes Magos. La Danza de los Pastores se celebra en los estados centrales de Aragua y Carabobo, luego de la Misa de Gallo, la que se oficia la noche del 24 de diciembre. Es una representación teatral, con serenas coreografías acompañadas de aguinaldos de adoración al niño.

En esa fiesta la vestimenta es muy especial. Los pastores utilizan faldas hechas de tiras de papel coloridos ataviados con sombreros decorados con flores y lazos, y portan unas varas largas de las que cuelgan chapas de latón y cascabeles que hacen sonar para marcar los pasos de la danza. 

 

La Fiesta de Locos y Locainas ocurre el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, en diversas regiones, pero tiene su epicentro en la población de Sanare, ubicada en el centro occidental del estado Lara. Es un auténtico carnaval en el que los hombres se disfrazan de mujeres, o de animales mitológicos, hacen bromas, piden dinero y alcohol, y en la misa central bailan con los niños para ayudarles a curar enfermedades o protegerlos de las mismas en el año que viene.
 

Las Fiestas de San Benito también hacen parte del calendario decembrino. Se realizan en la zona occidental, en los estados Zulia y Trujillo, con misas, procesiones, quema de pólvora y, sobre todo, eufóricos bailes por las calles de las poblaciones al ritmo de los chimbangueles, unos tambores originarios africanos alargados que los músicos se colocan terciados al cuerpo para facilitar su movilidad. La celebración desenfrenada, comienza en horas de la mañana y en algunas poblaciones puede alargarse hasta la madrugada.

Y la Paradura y Robo del Niño es una celebración más serena, propia de los estados andinos, especialmente de Mérida. La ceremonia representa el pasaje bíblico de la infancia de Jesús: el niño perdido y hallado en el templo. Se realiza frente a un pesebre familiar y consiste en una representación en la que los padrinos, seleccionados previamente por la familia, levantan la figura del niño y lo hacen andar.

Luego de eso empieza la “serenada”, una procesión de la imagen del niño en manos de sus padrinos, acompañados de vecinos y paseantes al ritmo de los violines. La gente baila, enciende velas, reza y al final sirven bizcochuelos y brindan con vino y aguardiente.

 

Pero en Venezuela también ocurre la Navidad globalizada. En los centros comerciales colocan figuras de Santa Claus o contratan a sus representaciones en vivo para que los niños se tomen fotos. En las grandes ciudades, los teatros reciben buenas representaciones del Cascanueces y en la radio también suenan Jingle Bells, Noche de Paz y Rodolfo el Reno.

Aunque en los últimos años aumentaron las tradiciones globales navideñas, estas no opacan las tradiciones, sino que conviven con la vitalidad de la hallaca y el pan de jamón, las parrandas y las gaitas, y las diversas fiestas populares -unas frenéticas, otras serenas- que en conjunto recrean año a año una de las tradiciones más sólidas de la nación venezolana.

¿CÓMO DONAR?

La época navideña despierta la solidaridad en los colombianos, y para muchos esto se traduce directamente en hacer donaciones. ¿A dónde puedo llevar las donaciones? ¿Qué debo donar? son algunas preguntas que se suelen escuchar por estos días.

Según cifras de Migración Colombia, cerca de 1 millón seiscientos venezolanos se encontraban en el país en octubre. Muchas fundaciones, organizaciones y albergues atienden a los migrantes venezolanos, allí los más necesitados reciben comida, juguetes, ropa y dinero en esta época

Pero, a pesar de las buenas intenciones, una donación mal hecha puede causar daño a quien ya enfrenta una situación difícil. Si está pensando en ayudar a los migrantes venezolanos que están de paso o decidieron quedarse en Colombia, y hay muchas formas de hacerlo.

Siga estas tres recomendaciones a la hora de hacer donaciones:

“Lo primero que debemos tener claro es que el migrante también tuvo su casa, sus cosas y una vida en su país. Ahora está en una condición de vulnerabilidad y nosotros, como población receptora, podemos ayudarlo”, explica Fabián Cárdenas, coordinador de migraciones y recuperación de la Cruz Roja Colombiana seccional Cundinamarca. Por eso, aclara que las donaciones deben ser una forma de apoyar a quien lo necesita, y no una oportunidad para deshacerse de objetos dañados o que considere basura.

Recomienda no entregar alimentos preparados o perecederos, porque pueden causar alergias o intoxicaciones a quien los reciba. Lo ideal es entregar alimentos no perecederos, como enlatados, que no tengan cerca la fecha de vencimiento. Los artículos de aseo también son recomendables. Done productos como jabón, crema  y cepillo dental, papel higiénico, pañales y pañitos húmedos.

Ropa, zapatos y abrigos en buen estado para niños y adultos son una ayuda importante para los migrantes. Como explica Juan Esteban López, vocero de la Fundación de Atención al Migrante (FAMIG) en Bogotá, “la última ola migratoria en su mayoría viene caminando con zapatos muy desgastados y dañados, sin chaquetas porque Venezuela en casi todo su territorio tiene un clima cálido y ropa por que no traen suficiente debido a que muchos fueron atracados, perdieron su equipaje o no traen ropa para clima frío”.

El dinero es una opción, pero en caso de que esté considerando esta posibilidad asegúrese de entregarlo a organizaciones o fundaciones reconocidas. “Hemos dispuesto varias vías para canalizar las ayudas para los venezolanos: una vía de donación directa en nuestra página para la atención a los venezolanos en Colombia a través de Somos Panas, y también apoyamos a organizaciones que trabajan directamente por los migrantes”, afirma Rocío Castañeda, vocera de Acnur Colombia. Organizaciones como la Cruz Roja Colombiana, Acnur tienen cuentas bancarias en las que reciben los aportes, que utilizan para financiar la atención que brindan a los migrantes.

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No entregue las ayudas directamente; ni dinero ni comida. Aunque algunos prefieren hacerse cargo de sus donaciones y entregarlas directamente, este tipo de acciones pueden ocasionar problemas. Por ejemplo, si acude a un asentamientos informales es posible que su aporte no sea suficiente para ayudar a todos los migrantes que vivan en el lugar.

Una buena opción para entregar las donaciones es llevarlas a organizaciones confiables, que se encargan de canalizarlas y repartirlas de forma ordenada.  Tómese el tiempo de buscar quién los está atendiendo en su ciudad. Si se trata de organizaciones, albergues o fundaciones, busque información acerca de su trabajo y pregunte cómo puede verificar que su ayuda sea entregada a quien lo necesita.

¿DÓNDE ENTREGAR LAS DONACIONES?

En las principales ciudades del país hay hogares de paso y asociaciones que están brindando atención los migrantes. En muchos casos la iglesia Católica recibe ayudas en las iglesias y las distribuye en albergues. Esta es una alternativa en los sitios donde no hay sedes de la Cruz Roja Colombiana o de Acnur, por ejemplo.

La generosidad no distingue nacionalidad y las organizaciones que reciben ayudas, tampoco. Cualquier donación para los migrantes no hará que un colombiano que también la necesite sea rechazado o no reciba colaboración.

Estas son algunas opciones en distintas ciudades del país:

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MÚSICA

Por: Sara Prada.

 

En los próximos días, en muchos hogares colombianos las familias se reunirán a rezar la novena de aguinaldos y cantar villancicos. Pero lo que algunos no saben es que varios de los cantos navideños que hacen parte de las celebraciones colombianas realmente vienen Venezuela.

Allá no los conocen como villancicos, sino como aguinaldos o parrandas, y son todo un símbolo de la Navidad. Aunque este género musical varía en cada región, está marcado por la tradición de cantarlos en las calles, donde los venezolanos se reúnen para celebrar.

Los países latinoamericanos comparten rasgos culturales desde la colonización, y la Navidad no escapa a esa influencia. La tradición de los villancicos llegó desde España y, allá eran conocidos como cantos de los villanos, es decir, de los habitantes de las villas. Por eso, las canciones no solo reflejaban la fe católica sino que retrataban la cotidianidad de la vida en las provincias. Alemania e Italia también hicieron sus aportes, pues tenían sus propios cantos navideños que llegaron a América a través de comunidades religiosas como las de los salesianos y los franciscanos.   

Con influencia europea, pero apegados a las vivencias locales, surgieron los villancicos latinoamericanos. Entre ellos se destacan los argentinos, los peruanos, los colombianos y, por supuesto, los venezolanos.

El encuentro entre las canciones colombianas y venezolanas empezó en el siglo XX, gracias a la cercanía y las tradiciones comunes de los dos países.

MI BURRITO SABANERO

La música es creación del venezolano Hugo Blanco. En 2006 el cantante colombiano Juanes hizo una versión que llevó la canción a España y Latinoamérica.

TUTAINA

Aunque se desconoce su compositor, es uno de los villancicos más conocidos en Colombia desde que lo grabó Sonolux en 1946, con el cantante Saida Ochoa y el respaldo del Coro del Instituto Venezolano de Ciegos. Tutaina quiere decir fiesta.

EL TAMBORILERO

Aunque el origen de esta canción es checo, en Colombia la versión más conocida es la venezolana.

La historia de los villancicos venezolanos empezó en Caracas, con el Coro del Instituto Venezolano de Ciegos, de los hermanos salesianos. En 1946 grabaron un disco con algunos de los villancicos más famosos, como 'El burrito sabanero'.

El disco llegó a Colombia gracias al beato Luis Variara, un hombre que dedicó su vida a ayudar a los leprosos de Agua de Dios. Cada año, Variara conseguía que la emisora La Voz de América, en Medellín, abriera una convocatoria para que, a cambio de una donación para los hogares de leprosos, los oyentes pudieran programar villancicos. Llevó un ejemplar del disco venezolano a la emisora, con los días sus canciones fueron las más pedidas y se convirtieron en la música oficial de la solidaridad de los colombianos con los enfermos de lepra.

“El villancico es lo más democrático que hay, por eso cada país tiene los suyos. Los villancicos venezolanos tienen una virtud especial: un altísimo nivel poético, su raíz en la cultura y su contenido social que habla tanto de las celebraciones como de la pobreza y la necesidad. Cuentan las tradiciones de su país con ritmos muy típicos”, cuenta Diego Alberto Uribe, sacerdote de la arquidiócesis de Medellín, y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana. Uribe ha investigado las tradiciones navideñas del país, y agrega que los colombianos se identificaron con esos cantos por la cercanía de sus letras, que llegaron a todo el país y se convirtieron en parte de las celebraciones.

DIEGO ALBERTO URIBE

Sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana

 

LA NAVIDAD: UN TIEMPO DE ALIVIO PARA LAS FAMILIAS VENEZOLANAS EN COLOMBIA

CRÉDITOS

EDICIÓN

Julián Sáenz y Germán Izquierdo. 

PERIODISTAS

Estefanía Palacios, Sara Prada, Brenda Guerrero, Juliana Peña, María Elisa Ramírez, Tulio Hernandéz.

DISEÑO MULTIMEDIA

Brenda Guerrero

 

@2019 Proyecto Migración Venezuela  

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